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AFIRMACIONES
Concilio del Hombre y la Mujer Bíblicos
Basado en un entendimiento de la enseñanza bíblica, afirmamos lo siguiente:
- Tanto Adán como Eva fueron creados a imagen de Dios, iguales ante Dios como personas y distintos en su masculinidad y feminidad.
- Las distinciones entre los papeles masculino y femenino son ordenadas por Dios como parte del orden creado y debería encontrar eco en cada corazón humano.
- El liderazgo de Adán en el matrimonio fue establecido por Dios antes de la Caída y no fue el resultado del pecado.
- La Caída introdujo las distorsiones en las relaciones entre hombres y mujeres.
- En el hogar el liderazgo amoroso y humilde del esposo tiende a ser reemplazado por, ya sea dominio o pasividad; la sumisión voluntaria e inteligente de la mujer tiende a ser reemplazada por usurpación o servilismo (bajeza).
- En la iglesia el pecado inclina al hombre hacia un amor mundano de poder o una renuncia a sus responsabilidades espirituales, e inclina a las mujeres a resistirse a las limitaciones en sus papeles (como mujer), o negligir (descuidad) el uso de sus dones en ministerios apropiados.
- Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento manifiestan la igualdad del alto valor y dignidad que Dios puso a los papeles (o funciones) tanto de los hombres como de las mujeres. Ambos Testamentos también afirman el principio del liderazgo masculino en la familia y en la comunidad del pacto.
- La redención en Cristo apunta hacia quitar las distorsiones introducidas por la maldición.
- En la familia, los esposos deben dejar el liderazgo egoísta o áspero y crecer en amor y cuidado por sus esposas; las esposas deben dejar de resistirse a la autoridad de sus esposos y crecer en sumisión voluntaria y alegre al liderazgo de sus esposos.
- En la iglesia, la redención en Cristo da a los hombres y a las mujeres una porción igual de las bendiciones de la salvación; sin embargo, algunos papeles de gobierno y enseñanza dentro de la iglesia están restringidas a los hombres.
- En todo en la vida, Cristo es la guía y autoridad suprema para los hombres y las mujeres, de modo que ninguna sumisión terrenal –doméstica, religiosa, o civil – jamás implique un mandato para seguir una autoridad humana al pecado.
- Tanto en los hombres como en las mujeres, el sentir del llamado al ministerio nunca debería ser usado para hacer a un lado el discernimiento bíblico para ministerios particulares. Por el contrario, la enseñanza bíblica siempre debería ser la autoridad para probar el discernimiento subjetivo de la voluntad de Dios.
- Con la mitad de la población mundial fuera del alcance del evangelio; con la innumerable gente perdida en esas sociedades que no han escuchado el evangelio; con la tensión y las miserias de la enfermedad, malnutrición, desamparo, analfabetismo, ignorancia, vejez, adicción, crimen, neurosis, y soledad, ningún hombre o mujer que siente un deseo de dar a conocer la gracia de Dios en palabra y obra, debe jamás vivir sin un ministerio para la gloria de Cristo y el bien de este mundo caído.
- Estamos convencidos que la negación o negligencia de estos principios guiará a consecuencias destructivas y crecientes en nuestras familias, nuestras iglesias y, a la larga, en nuestra cultura.
Afirmaciones de The Denver Statement del Concilio del Hombre y la Mujer Bíblicos, fundado en 1987
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